'Black Mirror': haters gonna hate en 'Hated in the nation'

'Black Mirror': haters gonna hate en 'Hated in the nation'

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'Black Mirror': haters gonna hate en 'Hated in the nation'

La tercera temporada de 'Black Mirror' -empiezo por dejar caer que es, en mi opinión, la serie del siglo- ha ido creciendo en intensidad; tanto de sus lecciones como de las emociones que éstas nos provocan. Y 'Hated in the nation' ha explotado todos los recursos habituales hasta llegar a sembrar auténtico miedo. "De eso se trata", reconoce su creador, Charlie Brooker. Lo consigue al mostrarnos escenarios no tan distópicos, no tan imposibles.

Como en 'Shut up and dance', Brooker tiende a confundirnos intercambiando los roles de bueno y malo según avanza el relato. Ni siquiera el Gobierno se libra de su responsabilidad en los trágicos sucesos que se narran. Pero como el resto de capítulos, encierra una trágica moraleja en la que el dedo acusador del crítico televisivo nos apunta a todos. Porque si algo nos enseña 'Hated in the nation' es que "las palabras son armas" con las que todos podemos hacer daño. Aunque eso ya lo aprendimos con 'National Anthem', ¿verdad?

Un fanático, una conspiración y sus cómplices

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Es el episodio más largo y de consecuencias más devastadoras. Todo él (una historia de género detectivesco) se presenta en forma de flashblack que se desarrolla a partir de los recuerdos de Karin Parke (Kelly McDonald). Ella y la experta en tecnología 'Blue' Colson (Faye Marsay) investigaron los sucesos que se desencadenaron desde el día de la extraña muerte de Jo Powers, una periodista a la que Internet vapuleó, hasta la ejecución de casi 400.000 personas.

Paralelamente se nos presenta un escenario futurista en el que la tecnología nos ha salvado de una extinción segura creando enjambres de abejas drones que continúan con la misión de sus antecesoras, ya desaparecidas: polinizar, para que la vida continúe. Con estos insectos desapareciendo actualmente de la faz de la Tierra no nos resulta difícil imaginar que podamos llegar a la situación que se nos plantea; de ahí ese poso de inquietud que nos deja Brooker con esta historia (con todas, exceptuando, quizás, 'San Junipero').

BASTA CUALQUIER PATINAZO PÚBLICO PARA QUE LA GENTE DESEE MATARTE

Pero como cualquier tecnología manejada por el hombre corre el peligro de caer en malas manos. Como las de Garrett Scholes (Duncan Pow) que toma el control de las abejas convirtiéndolas en sus sicarios particulares para dar una lección moral al mundo.

Desde la sombra, como un "Mr. Robot del mal", Johnson se convierte en el tirititero que maneja a los internautas, facilitándoles una herramienta para focalizar su odio y decidir el destino de los demás: "El juego de las consecuencias". Así, las víctimas no son fortuitas. Son los que participan en el juego de la difamación los que deciden quién merece morir. Pero sembrar odio sólo lleva a recibir más odio...

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Jo Powers se convierte en la primera víctima de este juego por un desafortunado artículo. Y es que basta cualquier patinazo público para que la gente desee matarte. Si eres trending topic, podrías ser el próximo. Scholes no es más que un perturbado como el artista que montó aquella "performance" en 'National Anthem' y utilizó a los usuarios de la red para demostrar lo influenciables que somos.

Pero hay algo de verdad en ese manifiesto, El engranaje de las consecuencias: la revolución tecnológica "nos permite desquitarnos sin consecuencias" y no podemos ignorar ese poder. Tanto en 'National Anthem' y 'The Waldo Moment' como en 'Hated in the Nation', es la opinión de los usuarios la que se impone y la que influye sobre el curso de los acontecimientos.

El hecho de que el Gobierno utilice a las abejas para vigilar a los ciudadanos -siempre por "motivos de seguridad"- es otro de los peligros al que esta sociedad se enfrenta y sirve para transmitirnos, una vez más, ese miedo conspiranoico (como el que podamos ser grabados ilegalmente como en 'Shut up and Dance' o valorados por nuestra proyección social como en 'Nosedives'). Esa puerta trasera que permite al Gobierno acceder a todos los datos es el punto débil de todo el programa, la culpable de que sea hackeado y usado con fines menos benevolentes.

Un vistazo a…
ENFOQUE PROFUNDO Y LENTES PARTIDAS

Twitter, en la palestra

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Haters gonna hate. And kill. And die.

Aunque nos hacen creer que todo girará en torno a la vida de Jo Powers mientras asistimos a su linchamiento digital, su repentina muerte a los pocos minutos del comienzo dirige nuestra atención a los verdaderos protagonistas: los haters. Ellos son el objetivo de Garrett Scholes y de su manifiesto, pero también sus cómplices. Son víctimas y asesinos a la vez. Internet es el campo de ejecución y las palabras, sus balas.

El problema de estas "peligrosas" armas es que están al alcance de cualquiera; y gracias a Internet y las redes sociales, su daño es exponencial, de largo alcance: no sólo transmiten el mensaje, sea cual sea, sino que lo potencian. Lo que nos plantean en este episodio es la posibilidad de que ese mensaje pueda matar. Twitter, ese escenario conocido, se convierte en el lugar del crimen y en el arma homicida a la vez. Tuitear #DeathTo equivale a apretar el gatillo. Otra situación no tan metafórica, si tenemos en cuenta los casos de suicidio infantil por bullying, cuyas víctimas sufrían el acoso no sólo en persona sino también a través de la red.

LOS HATERS TIENEN UN ARMA AÚN MÁS POTENTE QUE LAS PALABRAS: UN EJÉRCITO DE ABEJAS QUE PUEDEN CONVERTIRSE EN LETALES

La red social se convierte así en un espacio en el que los usuarios ejercen su dictadura, pudiendo decidir sobre la vida de las personas. "Es como matarlos con sólo desearlo". Pero aún más terrible que el macabro juego es la reacción social: nadie cuestiona que esté pasando, sólo quien debería estar en la lista. No se niegan a participar, sino que asumen su papel, sin dilemas éticos. Ahora tienen un arma aún más potente que las palabras: un ejército de abejas que pueden convertirse en letales.

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Claro que nunca lo hubieran hecho si supieran que con eso firmaban su sentencia de muerte. En otro increíble giro dramático del episodio, descubrimos que las verdaderas víctimas son ellos y todo aquel que haya participado en "El juego de las consecuencias", morirá asesinado por las abejas. Ese mismo enjambre ruidoso que dirigían contra todo aquel que odiaban (una representación muy acertada de los haters) se convierte en su verdugo. Su odio se vuelve contra ellos. Nadie está libre de pecado: ni aquellos a los que mandaban a una muerte segura con sus tuits ni ellos por participar en sus ejecuciones.

CREAMOS TECNOLOGÍA QUE NOS PERMITE AVANZAR PERO PAGAMOS UN PRECIO POR ESE PROGRESO

La moraleja es la misma que podemos extraer de cualquier episodio, esa que es el hilo conductor de todas estas historias: el problema no es cuán lejos pueda llegar el avance tecnológico sino cómo lo manejamos y dirigimos. Permitimos que influya en nuestra naturaleza en detrimento de nuestra condición humana; las redes sociales e Internet se convierte no pocas veces en un lugar donde se genera y se fomenta el odio.

Esa es una de las contradicciones de nuestra era en la que la serie se fundamenta: creamos tecnología que nos permite avanzar como especie, como la comunicación global. Pero pagamos un precio por ese progreso. Pagamos, en la mayoría de los casos, con nuestra humanidad. En esta historia, Internet sólo es un reflejo de cómo nos comportamos como sociedad, de cómo disfrutan algunos ejerciendo su "poder" desde la seguridad que da estar al otro lado de una pantalla. Brooker sólo quiere -a través de Scholes- mandarles un mensaje (adaptado a la línea pesimista o alarmista de la serie, claro): siembra vientos y cosecharás tempestades.

Es poca la esperanza que nos da el capítulo, pese a ese final abierto en el que descubrimos que las dos mujeres han hecho de la captura de Scholes su cruzada particular y confiamos en que se "hará justicia" después de todo. Pero la sensación general sigue siendo de inquietud, porque sabemos que Brooker tiene razón. Somos la mayor especie depredadora, la que está cargándose la Tierra. No es tan descabellado que terminemos con las abejas y acabemos por autodestruirnos, si la tecnología no nos salva.

En ¡Vaya Tele! | Críticas de los episodios de la tercera temporada de 'Black Mirror'

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