'Transporter 3', Jason Statham y nada más

'Transporter 3', Jason Statham y nada más
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La saga de ‘Transporter’ no es buena. Pero hay que reconocer que Jason Statham posee un carisma realmente inusual en una película de estas características, el suficiente como para hacer simpático a su personaje de Frank Martin, el transportador con el que en esta nueva entrega intentan explotar al máximo la gallina de los huevos de oro (las tres entregas no tuvieron presupuestos exagerados y sus rendimientos en taquilla aseguran el suficiente rendimiento), aunque los resultados finales indiquen más bien una falta de ideas apabullante.

‘Transporter 3’ sigue las nuevas andanzas de Frank Martin, el conductor y repartidor de hostias más elegante, socarrón y macarra de toda Europa. Esta vez, prestará de forma obligada sus servicios a un extraño individuo que le hace viajar en el coche con una mujer, hija de un importante político ucraniano al que intentan chantajear. Desde Marsella a Odessa, Martin tendrá que hacer frente a los que le obligaron a aceptar el trabajo, a los hombres del político que intentan recuperar a su hija, y a ésta última, cuya cooperación brilla por su ausencia.

Corey Yuen y Louis Leterrier ceden la silla de director a Olivier Megaton, quien se puso ese nombre por la fecha de nacimiento (6 de Agosto de 1965), en la que se celebraba el vigésimo aniversario de la bomba arrojada en Hiroshima (ya hay que tener ganas de crear polémica). Megaton queda en su labor muy por debajo de sus predecesores, quienes al menos sabían planificar una secuencia de acción. En ‘Transporter 3’ da igual que los especialistas que se enfrentan dándose mamporrazos lo hagan a la perfección (por algo el monitor de artes marciales sigue siendo Corey Yuen), si el director al visualizar dichas secuencias, lo hace con una falta de ritmo vergonzosa y sin ningún sentido de la espectacularidad. El montaje atropellado, lleno de flashes de luz que no viene a cuento, impide ver con claridad cada una de las escenas de lucha. Lo mismo sucede con las persecuciones de coches: muy bonitos todos, pero no nos enteramos de nada.

Para colmo, la excusa argumental de esta nueva entrega roza el más rotundo de los ridículos, sobre todo en su parte final, que demuestra que el villano de turno no necesitaba montar todo el dispositivo que monta para convencer al político ucraniano de que firme unos determinados contratos. De hecho, al contratar a Frank Martin para llevar a cabo sus planes, pone en evidencia el punto flaco de su plan. No se puede ser más idiota. A ello hay que añadir algunos de los diálogos más malos jamás recitados en una película de acción. Diálogos que convierten a los personajes en monigotes sin sentido, echando a perder las pocas posibilidades del relato.

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Sólo Jason Statham parece querer sobrevivir con ganas, y carisma, a esta catástrofe de película. Statham es el rey de la función, él es Frank Martin y viceversa. Tiene tan absorbido al personaje que ningún otro actor podría sustituirle. Verle en pantalla, que afortunadamente es casi toda la película, es lo mejor de la misma, aunque esta vez está al servicio de una trama muy mal narrada, y unos compañeros de reparto realmente deplorables. Robert Knepper, al que seguro contrataron por su participación en la bochornosa ‘Prison Break’, probablemente por pensar que era capaz de dar vida a un villano de altura, está exagerado en su composición; y Natalya Rudakova es el componente femenino de esta nueva entrega, siendo la primera interpretación (es un decir) de la muchacha, a la que se le nota su falta de tablas, por no decir que la química con Statham es nula (atención al episodio del streeptease, de vergüenza ajena). Jeroen Krabbé, que seguramente vivió tiempos mejores, interpreta al político ucraniano con la misma pasión que se cocina una hamburguesa de McDonald´s.

‘Transporter 3’ demuestra que Frank Martin es un personaje acabado, sobre todo por productos sin sentido como éste. Y es que no llega con filmar en atractivos lugares de Europa, o intentar entretener al humilde espectador con escenas de lucha perfectamente ejecutadas (pero mal justificadas). Además hay que ponerle ganas, y dotar a los personajes de un mínimo de interés (dejemos a un lado el argumento, que responde siempre a ideas locas, una de las constantes de estas cintas, única y exclusivamente para hacer reír al personal). Pero el máximo responsable de una película, el director, no ha hecho esta vez sus deberes. Y es que el buen cine de acción (tan injustamente infravalorado a lo largo de los años) es tan difícil de hacer como el buen drama. Algunos, como este Olivier Megaton, no lo ha tenido en cuenta, y así ha filmado un espanto como ‘Transporter 3’.

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