'Suspiria': un fascinante e irregular complemento al clásico de Dario Argento

'Suspiria': un fascinante e irregular complemento al clásico de Dario Argento

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Nota de Espinof

Hay ocasiones en las que puede costar entender la necesidad de hacer un remake de determinada película. Podemos pensar que el original es una obra tan redonda que resulta imposible imaginar la posibilidad de que una nueva versión merezca la pena, pero lo más adecuado sería verlo todo desde la distancia y esperar a ver qué va a ofrecernos. En no pocas ocasiones serán meros sacacuartos, pero también hay excepciones.

En el caso de ‘Suspiria’ esperaba que la presencia tras las cámaras de Luca Guadagnino fuese una pista de que íbamos a encontrar una propuesta diferente o complementaria al clásico de Dario Argento y lo cierto es que así ha sido. Dejando a un lado algunos elementos de base, esta nueva ‘Suspiria’ va en una dirección distinta a la cinta original de 1977 y tiene un poder visual innegable. El problema es lo irregular que resulta en otras facetas.

Un cambio necesario

Dakota Suspiria

Ya desde el primer minuto queda claro que Guadagnino no quiere replicar la cinta de Argento, sino utilizar el universo creado por su compatriota para darle un enfoque muy diferente y que difiere en prácticamente todo del original. Eso es algo que afecta a ‘Suspiria’ a todos los niveles, desde el trabajo de ambientación hasta el uso de los colores, optándose por unos tonos más apagados frente a la extraordinaria viveza de la cinta de 1977.

Por ello, Guadagnino opta por refugiarse en otros referentes para mostrar una Alemania deprimida -la lluvia o la nieve siempre estás presentes- y un tanto angustiosa. Este punto lleva al guion firmado por David Kajganich, que ya había colaborado con Guadagnino en la estimable ‘Cegados por el sol’, a abandonar la academia de baile de forma constante, provocando así una ruptura en la película que le impide alcanzar todo su potencial.

Imagen Suspiria

Siendo claros, Kajganich subraya en demasía ciertos aspectos pensados para enriquecer la película cuando en realidad acaban convirtiéndose en un lastre por su tendencia a la repetición. Entiendo lo que motivó que él y Guadagnino quieran incluir esto, ya que en parte explica la realidad dentro de la academia, pero a la hora de la verdad resulta un lastre que además de alargar en exceso su metraje también resta impacto a la parte central del relato.

Tampoco me olvido de que esos reveses para la película confluyen en un desenlace poco satisfactorio que a su manera neutraliza la suculenta apuesta por el exceso que Guadagnino había sabido exprimir apenas unos minutos antes. Al final el gran problema de ‘Suspiria’ es que tan pronto te seduce y te fascina como te devuelve a la Tierra generando así una desilusión por lo que es y no quiere potenciar.

Un equilibrio mejorable

Tilda Suspiria

Esto es algo que se va haciendo más evidente a medida que pasan los minutos, ya que de entrada sí sabe manejar mejor esas dos realidades conectadas -aunque el hecho de que el veterano psicólogo esconda debajo de toneladas de maquillaje a Tilda Swinton es una decisión difícil de explicar- y además va desarrollando de forma estimulante su forma de ver el universo, obviando todo misterio alrededor de la existencia de las brujas para así incidir en su día a día.

Eso tenía el peligro de poder caer en la rutina, desposeyendo así de fuerza al eje central de la película, pero lo cierto es que ahí es donde mejor funciona el guion de Kajganich. Por un lado establece de maravilla el funcionamiento de esa orden de brujas y va planteando esa fuerza mayor por encima de todas ellas y por otro vamos viendo la progresiva evolución del personaje interpretado de forma impecable por Dakota Johnson.

Además, Guadagnino lo aborda todo con un exquisito acabado visual, aunque lo hace sin querer nunca potenciar realmente su posible naturaleza como película de terror más allá de algunas escenas increíblemente poderosas que no van más allá de lo puntual. Al respecto me gustaría destacar el excelente uso del montaje paralelo mostrándonos por un lado a la protagonista bailando y por otro algo mucho más macabro.

‘Suspiria’ es libre incluso en sus errores

Escena Suspiria

Lo que en ningún momento se le puede negar a ‘Suspiria’ es su valentía para explorar sus ideas hasta las últimas consecuencias. Un hecho loable, pero lo sería aún más si a medida que pasan los minutos no empezase a convertirse todo en una sucesión de errores y aciertos que incluso acaban lastrando al buen trabajo previo en todo lo concerniente a la Academia.

De esta forma, la llegada del primer clímax necesita de un sobresfuerzo para no quedarse en tierra de nadie y aun así transmite la sensación de solamente querer usar los elementos que podrían definirla como cine de terror a modo de catarsis para luego echarse hacia atrás con el verdadero desenlace.

Al final, la parte de la Academia sabe a poco cuando demuestra en multitud de ocasiones que es lo más fascinante y la, por así llamarlo, investigación paralela parte de buenas ideas que no termina de saber manejar, provocando así constantes bajones de interés. Hasta cierto punto podríamos hablar de ‘Suspiria’ como un coitus interruptus.

En definitiva, ‘Suspiria’ es una película tan fascinante como irregular que al menos ofrece una experiencia complementaria a la obra original. Visualmente es impecable y cuenta con multitud de escenas que se quedan grabadas en el cerebro del espectador, pero también cae una y otra vez en el mismo error, dejándonos de esta forma con un regusto agridulce que nunca desaparece, ni siquiera cuando pensamos en sus virtudes.

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