'Una serie de catastróficas desdichas' se despide por todo lo alto con su gran temporada final

'Una serie de catastróficas desdichas' se despide por todo lo alto con su gran temporada final

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Nota de Espinof

Cada vez que toca despedir una serie, y este año diremos adiós a unas cuantas, siempre se nos queda una sensación rara. Este mes toca despedirnos de 'Una serie de catastróficas desdichas' cuya tercera y última temporada se estrenó en Netflix el pasado 1 de enero.

Siete episodios, adaptando los cuatro últimos libros de Lemony Snicket (Daniel Handler), que cierran la "triscaidecalogía" de las aventuras de los hermanos Baudeleire (Malina Weissman, Todd Hynes y Presley Smith) en su huída de las estratagemas del malvado conde Olaf (Neil Patrick Harris).

Tras el cliffhanger casi literal (con la caravana de los Baudelaires a punto de precipitarse al vacío) con el que terminó la segunda temporada. El primer arco ('Terreno resbaladizo') lidia con el rescate de Sunny, a merced de Olaf y sus secuaces mientras vamos descubriendo cosas del pasado del villano y el VFD.

La verdad es que, para mí, este comienzo me ha parecido un pelín flojo. No sé si es que tenía muchas esperanzas en este regreso, pero no me terminó de convencer. Menos mal que, igualmente, hay elementos de sobra para estar fascinado, pero la historia no era uno de ellos.

No es que los dos primeros arcos ('Terreno resbaladizo' y 'Gruta gris') sean malos, pero sí que parecen poco inspirados... y eso que se salen de la dinámica habitual de la serie ("vamos a un sitio, llega Olaf y embauca a quien sea") para ofrecer un enfrentamiento más directo entre los hermanos Baudelaire y su némesis.

Claro, aquí nos encontramos con el problema de que mantener durante tres temporadas (y veinticinco episodios) un mismo enfrentamiento con cientos de giros argumentales y finales frustrantes, terminan cansando un poco, sobre todo al espectador más adulto. Hecho que se acentúa cuando esta lucha no tiene tantas "distracciones".

Sin embargo, sin estos episodios nos hubiéramos perdido un buen número de pequeñas pistas, revelaciones y otros datos sin los cuales no hubieran podido montar un gran acto final con 'Penúltimo Peligro' y 'El fin'.

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Tres episodios fantásticos donde, sobre todo en los dos primeros, se entrecruzan los hechos, hilos y personajes que hemos visto a lo largo de las tres temporadas de 'Una serie de catastrófica desdichas'. Esto, junto con las revelaciones del origen del VFD y el cisma que llevó a la tragedia de los Baudelaire, ayuda a que la serie tenga el gran final que merece.

Como siempre, Neil Patrick Harris está espléndido dando todo un gran registro en un papel tan exigente (por exagerado e histriónico) como el del conde Olaf. Y de hecho no es el único que está estupendo ya que una de las señas de identidad de la serie es que cuenta con un repartazo, que encarnan personajes tan peculiares como perdurables.

Una serie de catastróficas desdichas

Por lo demás, 'Una serie de catastróficas desdichas' ha seguido siendo una de las series más peculiares de la televisión con su gran estética y ese toque de comedia y un plantel de secundarios coloridos que la hacen única.

Así, esta temporada final ha ido de menos a más para plantarnos con una gran resolución de la historia. Un buen final con sabor agridulce (como no podría ser de otra forma) pero que hace las delicias para todos los que llevamos tres años siguiendo las desventuras de estos huérfanos.

'Una serie de catastróficas desdichas' se puede ver en Netflix

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