'Un príncipe de Navidad: La boda real' es una simpática y madura secuela donde el casamiento es lo de menos

'Un príncipe de Navidad: La boda real' es una simpática y madura secuela donde el casamiento es lo de menos

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Nota de Espinof

La magia del streaming vuelve a casa por navidad. Si no teníamos suficiente con el brutal éxito de 'Crónicas de Navidad' o el fichaje de de Vanessa Hudgens en modo princesa, llega la secuela del cuento de amor y nieve favorito del mundo en 2017. Regresamos a Aldovia.

Princesa sin sorpresa

Un año después de que Amber ayudara a Richard a quedarse con el trono, se acerca la boda real navideña que los unirá para siempre. Sin embargo, Amber dudará sobre semejante responsabilidad, mientras que el príncipe de Netflix atraviesa una crisis política que no solo pone en peligro las fiestas, sino también el futuro del reino. La secuela que nadie esperaba y el mundo necesitaba promete emoción a raudales.

Al contrario que en la mayoría de títulos de este estilo, la corona se ha hecho esperar. Y se hacho tan de rogar que llega en forma de película. 'Un príncipe de Navidad: La boda real'. Ahora, con la boda a la vuelta de la esquina y el malvado primo Simon acechando, descubrirá que no todo es como en los cuentos de hadas.

A pesar de haber perdido algo de efervescencia respecto a la película original, la nueva aventura real mantiene la esencia y sus rasgos de identidad, con una protagonista tan perdida en su nuevo mundo como lo estaba hace un año. La presión por reinar un país sin querer renunciar a ser uno mismo supone un nuevo obstáculo aparentemente insalvable.

Algo huele a podrido en Aldovia

Aldovia está perdiendo dinero. Nadie sabe qué es lo que está pasando en el país, pero una huelga amenaza con anular la navidad y lo que es peor, la función navideña de la hermana del príncipe. Además, el pueblo no parece muy contento con la situación, lo que preocupa a la familia real.

Los reyes de Aldovia

Como era de esperar, la realización no va más allá de lo rutinario, pero vuelve a contar con interpretaciones que no necesitan forzar demasiado la máquina y un sentido del ritmo inexplicable que hace que la película termine antes de resultar insoportable.

Donde no han reparado en gastos, literalmente hablando, es en la utilización de efectos visuales en un par de secuencias, con unos cromas que nos devuelven al principio de los tiempos pero que, en parte, demuestran algo más de ambición a la hora de repetir situaciones, algo completamente lógico en una secuela.

La boda real

La princesa recurrirá a su experiencia como periodista para intentar ayudar a sacar del apuro al país que la ha adoptado con la inestimable ayuda de un personaje que ha demostrado ser el más interesante de la trama en las dos películas: Simon. La película funciona cundo se desmelena, cuando la ética profesional de la princesa entra en acción y uno solo desearía que en lugar de ser periodista, fuera detective.

Nadie dijo que gobernar una nación fuera fácil, pero la secuela del éxito de las navidades pasadas vuelve a resultar (casi) tan adorable como entonces con prácticamente el mismo reparto y un nuevo padre para Amber. Algo de lo que también sabe reírse la película, demostrando de nuevo un perfecto autoconocimiento.

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