‘Jim y Andy’ es un extraordinario documento sobre el choque de dos cómicos únicos: Jim Carrey y Andy Kaufman

‘Jim y Andy’ es un extraordinario documento sobre el choque de dos cómicos únicos: Jim Carrey y Andy Kaufman

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Todos hemos oído historias sobre los abismos del Método, esa escuela de interpretación tantas veces discutida y parodiada, que obliga a un actor a sumergirse en su personaje hasta el punto de difuminar su propia personalidad y hacerse uno con el papel.

Robert de Niro se sacó el carnet de taxista para 'Taxi Driver', Daniel Day-Lewis obligaba a todo el mundo a dirigirse a él como Lincoln en la película de Spielberg y montones de actores muy intensos, empezando por Christian Bale en 'El maquinista', han acometido tremendas pérdidas o ganancias de peso. El caso de Jim Carrey y Andy Kaufman puede parecer uno más de estos casos de actor muy entregado a lo suyo, y haciendo bobadas como lo de Val Kilmer en 'The Doors' de ponerse ropa de Jim Morrison a ver si canalizaba algo.

'Jim y Andy' (cuyo título original se extiende con 'Jim & Andy : The Great Beyond - Featuring a Very Special, Contractually Obligated Mention of Tony Clifton', es decir, 'Jim y Andy: El gran más allá - Incluye una mención muy especial y obligada por contrato a Tony Clifton') demuestra que el choque y macedonia de personalidades cómicas extremas entre ambos fue mucho más allá.

Jim Carrey interpretó a Andy Kaufman en 'Man on the Moon', el biopic de 1999 que dirigió Milos Forman sobre el peculiarísimo comediante. Una empresa complicada, pero que salió a flote gracias a la labor de los guionistas, Scott Alexander y Larry Karaszewski -que repitieron la jugada de retratar personalidades excéntricas de la cultura pop americana en producciones como 'Ed Wood', 'El escándalo de Larry Flint', 'Big Eyes' y, recientemente, 'American Crime Story'- y, sobre todo, a la sobrenatural interpretacion de Jim Carrey como Kaufman.

Andy Kaufman, hijo prototípico de la cultura beat, pasó toda su carrera intentando forzar los límites del humor tanto por la vía de la agresividad como por la del absurdo. Actuaciones desconcertantes como el playback de la sintonía de Superratón o la lectura íntegra de 'El gran Gatsby' encontraban su contrapartida en sus experimentos con la "lucha libre intersexos" o la creación del intérprete de música lounge extrema Tony Clifton, protagonista de la anécdota más brutal de 'Jim y Andy', ambientada en la Mansión Playboy.

Como se puede observar en las abundantes muestras que ofrece el documental del talento indomesticado del primer y joven Carrey, antes del bombazo triple en 1994 de 'Ace Ventura', 'Dos tontos muy tontos' y 'La máscara', la influencia de Kaufman en Carrey es innegable. 'Man on the Moon' se convirtió en la manera perfecta para rendir el homenaje definitivo a su maestro -a quien nunca conoció en persona, pero que admiraba desde niño-. Convirtiéndose en él.

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Pero 'Jim y Andy' es algo más que la crónica de una transformación para un rodaje, o incluso el retrato de una obsesión de un artista por otro o un análisis de las similitudes entre ambos. El material del que parte el documental es una serie de grabaciones tras las cámaras que permanecieron ocultas en el despacho de Jim Carrey durante veinte años. Solo ahora han visto la luz, tras el empeño de Spike Jonze, productor del documental.

Jim Carrey era Andy Kaufman las veinticuatro horas, y como tal, se veía obligado a poner a prueba y llevar al límite a todos los que le rodeaban.

Se trata de una serie de grabaciones, hilarantes a veces, algo incómodas la mayor parte del tiempo, que Universal se negó a que aparecieran como los típicos extras de DVD, y no es de extrañar. Nunca sabremos con exactitud el grado de tensión que había en el plató durante el rodaje, pero debía ser elevado: Carrey interpretaba las veinticuatro horas a Kaufman, y era aún peor cuando entraba en juego la personalidad de Tony Clifton. En su día, un Danny De Vito al que se ve absolutamente desencajado durante 'Jim y Andy', dijo que Carrey fue a trabajar un total de dos días. El resto del tiempo, fue Andy.

Mucho más que la biografía de dos cómicos excepcionales

Pero hay más: si 'Jim y Andy' fuera simplemente la crónica de un rodaje complicado, sería un gran documental, sobre todo por el valor de las imágenes inéditas hasta hoy. La cuestión es que estamos hablando de Jim Carrey, un actor cuya carrera ha estado profundamente marcada por los caracteres de sus personajes. 'La máscara' o 'El show de Truman' se ponen sobre la mesa mientras Carrey rememora someramente su filmografía: como Andy Kaufman, siempre ha buscado el límite en sus interpretaciones. El choque con su ídolo tiene un innegable poso simbólico.

Durante todo el documental, Carrey responde a las preguntas del director, Chris Smith (mucho ojo al resto de su filmografía, pero sobre todo a la soberbia 'American Movie', del mismo año que 'Man on the Moon', y con la que tiene peculiarísimos puntos en común) mirando directamente a la cámara, al espectador. Cuando sonríe enigmáticamente diciendo que quizás todo aquello no acabó nunca, es inevitable sentir un escalofrío: ¿seguro que llegó a exorcizar del todo la personalidad de Andy Kaufman?

Jim Y Andy

Es una delicia ver a un Milos Forman desesperado porque tiene que controlar a un Jim Carrey absolutamente zambullido en la personalidad de Kaufman, decidido a llevarlo todo al límite. Lo hace hasta el punto de enemistar a Carrey con todo el equipo de producción y con un mito de la lucha libre que ya se enfrentó a Kaufman en su día -recordemos: Milos Forman; bregó con un Jack Nicholson que pasó dos meses viviendo en un psiquiátrico para preparar 'Alguien voló sobre el nido del cuco'-. Pero todo adquiere una capa de significado extra cuando el falso Kaufman sugiere a Forman que le despida y contrate a Jim Carrey, ya que -dice- le imita estupendamente.

Así transcurre 'Jim y Andy', un documental que se repliega sobre sí mismo, y en el que el complejo, enigmático Jim Carrey de los últimos tiempos reflexiona sobre su carrera, sobre la labor de interpretar y, ya que está, sobre el sentido de la vida. Sus conclusiones, con las que se cierra la película, no son demasiado tranquilizadoras, pero ningún espectador, después de ver 'Jim y Andy', podrá culparle. Al fin y al cabo... ¿cuántos saldríamos indemnes al escuchar el eco que nos devuelve ese precipicio enigmático que es Andy Kaufman?

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