'Hysteria', la invención del consolador

'Hysteria', la invención del consolador
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A finales del siglo XIX, el doctor Joseph Mortimer Granville se empleó en la consulta de un reputado médico que trataba la supuesta “histeria femenina” con masajes pélvicos. Tras sufrir calambres y terminar con la mano casi inmovilizada por el exceso de trabajo, decidió probar a efectuar el mismo tratamiento de forma mecánica y su invento revolucionario descubrió a muchas mujeres un placer que nunca habían alcanzado. Tanya Wexler (‘Ball in the House’, 2002) dirige una comedia romántica sobre la que la promoción asegura que tiene “buenas vibraciones“, debido a que trata sobre la invención del vibrador en nombre de la ciencia. Hugh Dancy, Maggie Gyllenhaal, Rupert Everett y Jonathan Pryce protagonizan esta amable reivindicación sobre el papel de las mujeres tanto en el lecho como en la sociedad.

‘Hysteria’ (2011) se lleva con talante humorístico y cierta ligereza, pero no por ello pierde la capacidad para emitir una crítica social feminista de peso, ya que el personaje de mayor importancia no persigue su disfrute sexual, sino una igualdad mucho más importante: en la política, en el trabajo y en la familia. La ciencia médica colaboraba con el poder al tratar a las mujeres luchadoras cuales enfermas, tomando como pataleta histérica la legítima petición de lo que injustamente se les mantenía vedado y privando así a cualquiera que se saliese de su rol tradicionalmente aceptado de la libertad y quizá de la vida. El aspecto frívolo del tratamiento de la histeria permite incluir escenas de masturbaciones a mujeres de mediana edad, lo que, sin salirse del tono, sirven como alivio cómico de un contenido más sentimental o profundo.

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Si bien es cierto que el desarrollo argumental no ostenta una absoluta regularidad y que la progresión en este sentido se ve algo forzada en determinadas ocasiones –no se equivocan del todo tampoco quienes se quejan de que visto el tráiler, vista la película–, estas trabas se compensan con las interpretaciones brillantes y el humor. La ambientación durante la Inglaterra Victoriana, la puesta en escena y el ritmo están en perfecta consonancia con las intenciones de la cinta que no van más allá de lo que esta ofrece. Divertido el catálogo de consoladores de ingeniosos nombres, que se despliega durante los títulos de crédito.

Los personajes, que parten de ricos retratos –el guion lo firman Jonah Lisa Dyer y Stephen Dyer–, y los intérpretes que les dan forma conforman uno de los aspectos más favorecidos de ‘Hysteria’. Hugh Dancy (irreconocible en ‘Con C mayúscula’) transmite el encanto y la inocencia necesarias. Maggie Gyllenhaal, mujer de gran carácter, pero de rostro ingenuo, es perfecta para encarnar a este personaje áspero para aquellos tiempos, pero no exento de atractivo. Entre los dos surge de inmediato la química y ambos forman la perfecta tensión sexual no resuelta. Que el desenlace sea previsible, como se critica en las comedias románticas, no resulta un problema, ya que no es la intriga lo que te sostiene en la butaca, sino la gana de ver cuándo explota la acumulada tensión. No se pueden desperdiciar los secundarios, con un Rupert Everett más en su salsa que nunca y un Jonathan Pryce tan excéntrico como siempre. Felicity Jones, Anna Chancellor y Gemma Jones completan el reparto.

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Conclusión

Mi entusiasmo hacia ‘Hysteria’ sobrepasa sin duda la calidad real de la película, ya que la agregación de sus elementos la convierte en la propuesta idónea para mí, como si me la hubiesen hecho a la carta. Contiene tensión sexual no resuelta, humor, crítica social, y el reflejo de una época de gran atractivo. Le sumamos a lo que ya llega de partida algunos logros derivados de su factura, como son los personajes bien definidos y el ritmo bien marcado, un actor de sonrisa encantadora y me lo paso mejor con ella que las pacientes del doctor con el chisme cuya invención le sirve de eje narrativo. De manera más fría, puedo concluir y conceder que la película es muy sencillita, que su tono es ligero y que ciertos destellos cómicos pueden no ser del gusto de las mentes más refinadas. Nada que a mí me impida disfrutarla, pero que sí es necesario consignar en una crítica para que esta sirva de guía a espectadores que duden si acudir a la sala en la que se exhibe.

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